Héroes, o como joderla a base de bien.
3 Marzo 2009 at 8:06 pm | In Uncategorized | 16 Comments

Me considero un fan de las series de ciencia ficción. En mi opinión, pocas obras del cine tienen un argumento tan interesante y atractivo como el que Straczynski logró en Babylon 5 (Una vez consigues superar la vergüenza ajena que provocan los peinados de los Centauri); y es difícil crear un universo tan vasto como el que Joss Whedon consigue con solo catorce episodios en Firefly, mezclando el futuro aséptico y de alta tecnología de los planetas del núcleo, con los cowboys de las fronteras exteriores.
Estos dos ejemplos son el contrapunto a Héroes… o al menos, a lo que se ha convertido desde el final de la primera temporada. El principio de la serie me atrajo mucho. Presentaban a los personajes de forma que te importasen. Incluso el antagonista, Sylar, tenía una razón de ser y una historia genial detrás. Cada uno tenía su carácter, sus poderes (propios de cualquier historia de superhéroes), y sus virtudes y defectos. Todo muy ordenado, además, que siempre es un punto a favor.
Pero al final de la temporada, el guionista se dio un golpe en la cabeza, y pensó que no podía matar a sus personajes, que inventarse otros era demasiado trabajo para lo que le pagaban.
Así que misteriosamente, todo Cristo sobrevive a la ‘batalla final’, escapando como pueden por cloacas, el cielo, el tiempo, y la madre que los parió. De ahí en adelante todo ha ido de mal en peor. La serie pasó por una época de los problemas crecen. El adolescente que puede volar, pasea a la incomprendida niña que puede regenerarse por el cielo de su bonita urbanización, consolándola por estar tan sola… Si al menos escupiesen a los viejos que paseaban por abajo, tendría alguna gracia.
Peor, si cabe, es la tercera temporada. Hay dos cosas con las que no deberían jugar, para que esto siga teniendo sentido. La primera, es la muerte de un personaje. Es uno de los puntos que hacen que el mundo gire, el miedo a la muerte. Cuando un personaje que se muere revive en el último momento gracias a un giro argumental, todos nos sorprendemos y aplaudimos. Cuando van treinta ‘casi muertos’, ya me da igual.
La segunda intocable, es la historia. Está bien que el friki que puede viajar en el tiempo, acabe por accidente en el Japón antiguo, conociendo a su samurái favorito. Esa parte fue una de las mejores de la serie, en mi opinión. Pero se nos ha formado tal berenjenal de líneas de tiempo alternativas, en las que el mundo explota, los malos son los buenos, y la abuela fuma, que uno acaba por perder el interés por aclararse. Total, qué importa, ¿si en el siguiente capítulo van a volverlo todo del revés otra vez?
Y luego, uno lee que el escritor / productor se disculpa por el estado de la serie, y se da cuenta de que esto ya no tiene arreglo.
Bueno, para algo tenemos Lost.
Por favor, ¿otro blog antisistema?
17 Febrero 2009 at 1:28 pm | In Uncategorized | 9 CommentsTags: Ficción
No, no soy una imitación de Tyler Durden. Este blog no pretende desestabilizar el sistema capitalista a través de la introducción en Mercadona de papel del culo que rasque, para fomentar el descontento social. Los muñequitos de Hello Kitty son una comodidad inestimable del mundo moderno, sin ellos la vida no sería lo mismo. Podéis estar tranquilos.
Yo soy el conserje. El que carga con limpiar y reparar el destartalado edificio del proyecto Mayhem. Sin ningún aprecio por mi propia vida, me visto con guantes de látex y una mascarilla, y me subo a una desvencijada escalera en un balcón de medio metro de anchura, para rascar las dos toneladas de mierda de paloma que corroen los aparatos de aire acondicionado. Hace un par de semanas, me arriesgué hasta el punto de tener una discusión sobre tubos fluorescentes con el dueño de la ferretería de enfrente. (Que si son los tubos, que si los cebadores funcionan bien… ¿me vas a llevar la contraria a mí sobre lámparas? (Dios me libre) Que llévate estos de veinte, que verás cómo encienden). Diez viajes me costó la broma, y al final tuve que cambiar el cacharro entero.
En esta épica tarea, expongo mi cuerpo a desprendimientos de techo, riesgo de electrocución, elementos cortantes y oxidados, y quién sabe cuántos tipos de hongos devoradores de carne. Y todo para que luego lleguen los inquilinos con un tiro en el brazo (o diez botellas de whiskey), y lo pongan todo perdido de sangre y otros fluidos más dudosos. Algunas veces hasta se mueren. Pero yo sigo aquí, limpiando.
Ya os iré contando lo que pasa por mi cabeza mientras estoy arreglando los plomos con el agua hasta las rodillas. Pasad, pero no me piséis lo fregao.
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